martes, 15 de septiembre de 2020

Quien critica algo tiene la obligación de proponer, no una, sino al menos tres formas de mejorar lo que señala

 


Como parte de la congregación, la pregunta que todo cristiano siempre se hace es ¿debo opinar o solamente acatar? Ambas opciones tiene sus pros y sus contras y ambas deben verse a la luz de la Escritura.

 

El opinar implica posibilidad de mejorar aspectos de la congregación, pero igual de tender al caos si cada quien considera tener la razón; por otra parte, si sólo se acata se mantiene el orden, pero de igual forma pueden solaparse desviaciones vivenciales e incluso doctrinales. ¿Cuál es el punto medio?

 

Aclaremos dos cosas de inicio. Una es que la obediencia a nuestras autoridades en la iglesia es algo que la Palabra exhorta a todos los miembros del Cuerpo de Cristo, claramente Pablo escribiendo a los Hebreos señala “obedeced a vuestros pastores y sujetaos [a ellos,] porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros”; la otra cosa es que de igual forma el opinar es necesario en la iglesia para mejora de la misma, incluso la Palabra exhorta a la edificación mutua la cual solo puede darse en ese contexto tal como lo señala Pablo escribiendo a los de Éfeso cuando dice “no salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad [del momento,] para que imparta gracia a los que escuchan”; pero ambas cosas deben darse, como dice Pablo en su primer carta a los de Corinto “decentemente y con orden”.

 

Esto último, que bien puede ser la guía para arcar nuestra participación en el Cuerpo de Cristo, puede resumirse en el exhorto de Pablo a los de Roma cuando les dice “así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua”, de esta forma uno puede opinar, pero no fomentar la desobediencia a las autoridades de la iglesia; uno puede proponer, pero no indecentemente y con desorden; uno puede plantear, pero sin imponer ni mucho menos con ánimo de destruir lo edificado.

 

De esta forma, las ideas que uno pudiera creer que son para edificación del Cuerpo de Cristo deben pasar tres cedazos, no solo uno referido a si lo que se va a expresar se considera procedente, sino también el cedazo del respeto a las autoridades, y el cedazo del orden, la decencia y la edificación, de esta forma lo propuesto presentará no solo la idea, la cual podría ser de beneficio a la congregación, sino que también respetará a las autoridades establecidas, lo cual es requisito para el propósito de la iglesia, y fomentará en ella, a través del orden, la decencia y la edificación, la armonía, la virtud y el desarrollo.

 

Todos tenemos en mente cosas que pudieran mejorarse en la congregación, en la medida que el Espíritu mueva puede uno proponerlas a la misma, considerando las formas y el fondo, como dice Pablo escribiendo a los de Éfeso “[esforzándonos] por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”, después de todo quien critica algo tiene la obligación de proponer, no una, sino al menos tres formas de mejorar lo que señala.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx



Referencias:

Hebreos 13:17; 1 Corintios 16:16; 1 Tesalonicenses 5:12; Efesios 4:29; Romanos 15:2; 1 Tesalonicenses 5:11; Romanos 14:19; 2 Corintios 13:11; Colosenses 3:12-15; Efesios 4:3; Hebreos 12:14; Santiago 3:13-18


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