martes, 15 de octubre de 2019

A veces hay que seguir caminando, incluso aunque se haya hecho de noche



La vida cristiana gira en torno a Jesús, nuestro Salvador y Redentor. Él es la luz del mundo y quien  le sigue no anda en tinieblas, con todo y todo Él dijo a Sus discípulos, y a nosotros en su persona, que esa luz se iría de este mundo, volviendo las tinieblas sobre el mismo,  más sin embargo su presencia permanecería en Sus seguidores.

Ahora bien, ¿qué encargo dejó Jesús a Sus seguidores?, “vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura”. El acatar esta comisión logra que Sus seguidores, los que tienen el Espíritu de Cristo en su corazón, sean luz del mundo.

Este cumplimiento de la comisión dada por Cristo está condicionado: “Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz”. Es así como tenemos que tener la luz, creer en la luz, ser hijos –es decir demostrar- de la luz, pero si nuestro ojo está malo –como dijo Cristo-, todo nuestro cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en nosotros es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!

 ¿Y cómo puede nuestro ser  tener en su interior tinieblas? “Si decimos que no tenemos pecado –como señala Juan en su primer carta-, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”, Proverbios de igual forma declara “el camino de los impíos es como las tinieblas, no saben en qué tropiezan”, y de nuevo Juan en su primer carta declara “El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay causa de tropiezo en él. Pero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas y anda en tinieblas, y no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos”.

Así tenemos esa triple encomienda si queremos que la luz que hemos recibido brille en nosotros: reconocer nuestra naturaleza arrepintiéndonos y volviéndonos de nuestros caminos, limpiar nuestra conciencia y edificar nuestro entendimiento con la doctrina de la iglesia, y demostrar en el trato con los demás –principalmente con los de la fe, pero también con el mundo- esa fe que decimos profesar.

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? –escribía Pablo a los de Corinto-. No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,  ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

Es más que evidente que alguien que aún es injusto, fornicario, idólatra, adúltero, afeminado, ladrón, avaro,  borracho, maldiciente, estafador y demás, no se ha arrepentido de sus caminos ni se ha vuelto de ellos, no ha limpiado su conciencia ni edificado su entendimiento con la doctrina de la iglesia, ni demuestra en su trato con los demás esa fe que dice profesar, siendo que en este caso las tinieblas que hay en su interior son densas y ha dejado de ser luz del mundo para volverse parte de la oscuridad.

Los cristianos tenemos la luz de Cristo en nuestro interior, esa luz es la que nos guía a pesar de las tinieblas que nos rodean, pero en nuestro andar debemos ser, como Cristo nos dijo, luz del mundo, después de todo a veces hay que seguir caminando, incluso aunque se haya hecho de noche.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
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Referencias:
Juan 8:12; 12:35; 14:19; 3:19; Mateo 28:19; Marcos 16:15; Lucas 24:47-48; Mateo 5:14-16; Juan 12:36; Mateo 6:23; 1 Juan 1:8;     Proverbios 4:19; 1 Juan 2:10-11; 1 Corintios 6:9-10

miércoles, 9 de octubre de 2019

Cuando el oro se acaba, el único resplandor que queda es el del brillo que hayas logrado sacarle a tu alma



La vida cristiana no es una vida desligada de la vida física y temporal actual sino que inmersa en esta está la simiente de lo que estamos llamados a ser y sobre lo que trabajamos. Sobre lo primero podemos ver cómo es que la Escritura da muchos consejos que alaban al diligente y sancionan al desidioso.

“Los proyectos del diligente ciertamente son ventaja, mas todo el que se apresura, ciertamente [llega] a la pobreza”, “la pereza hace caer en profundo sueño, y el alma ociosa sufrirá hambre”, “el alma del perezoso desea, pero nada [consigue,] más el alma de los diligentes queda satisfecha”, sólo por mencionar algunos.

Sobre lo segundo, la simiente de lo que estamos llamados a ser y sobre lo que trabajamos, los mismos consejos son dados, más sin embargo giran en un ámbito más bien espiritual.  Sobre esto, Pablo recriminando sobre algunas personas en la iglesia las señala como que “además, aprenden [a estar] ociosas, yendo de casa en casa; y no sólo ociosas, sino también charlatanas y entremetidas, hablando de cosas que no [son] dignas”.

Independientemente de lo anterior, nuestra mirada no está puesta en las cosas que se ven sino en las que no se ven, “pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”, es por ello que si bien la diligencia material es alabada, ésta no debe sobreponerse a la diligencia espiritual, después de todo “el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

Es así como para el cristiano existe una diligencia material y una diligencia espiritual siendo esta última más importante, de igual forma, y curiosamente, esta diligencia espiritual es comparada en la Escritura con el proceso aquel por el cual se refina el oro, proceso que de igual forma implica pruebas.

Sobre esto, David escribe señalando “tú nos has probado, oh Dios; nos has refinado como se refina la plata. Nos metiste en la red; carga pesada pusiste sobre nuestros lomos. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas; pasamos por el fuego y por el agua, pero tú nos sacaste a [un lugar de] abundancia”. De igual forma Pedro en su primer carta exhorta a sus oyentes “para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo”.

Es así como la obtención de ese oro refinado, espiritualmente hablando, se vuelve perentoria para el cristiano que sabe que sin santidad nadie vera a Dios, como exhorta nuestro Señor por medio de Juan en Revelación: “te aconsejo que de mí compres oro refinado por fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos para que puedas ver”.

Mucho afán puede haber en la vida, más como en el caso de Martha y María, donde la primera se afanaba de las cosas de la casa mientras la segunda escuchaba al Señor a Sus pies, debemos elegir la buena parte ya que, como dice la Escritura “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida?”, sabiendo que el Señor está a la puerta el cual pagará a cada uno con arreglo de sus obras, después de todo cuando el oro se acaba, el único resplandor que queda es el del brillo que hayas logrado sacarle a tu alma.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
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Referencias:
Proverbios 10:4; 13:4; 19:15; 1 Timoteo 5:13; 2 Corintios 4:18; 1 Juan 2:17; 1 Pedro 1:7; Salmos 66:10-12; Hebreos 12:14; Revelación 3:18; Lucas 10:42; Mateo 16:26; Romanos 2:6

miércoles, 2 de octubre de 2019

A veces nuestra fe es tan grande que no nos cabe dentro y tiene que salir... salir a hacer milagros



La existencia de los milagros es algo que todo cristiano da por hecho, la misma Escritura, de principio a fin, da testimonio de ello, más sin embargo ¿ya pasaron los tiempos de los milagros?, si aún existen ¿quién o quienes los realizan?

Cristo dijo a sus seguidores que habría ciertas señales que los identificarían: “En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. Basados en esta cita muchos movimientos cristianos buscan mostrar y demostrar que la misma se refiere a ellos pues literalmente, según ellos, hacen lo que Cristo señaló.

Revelación nos presenta dos testigos que de igual forma realizan grandes prodigios en nombre de Dios: “Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera.  Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran”. Es interesante que, como señala Revelación, a pesar de estos prodigios los pueblos de la tierra no creen en el testimonio de estos testigos, siendo así, ¿es literal lo que la cita señala?

Pablo, en su primer carta a los Corintios enumera los dones de los que el Espíritu ha dotado a la iglesia de Dios para la Gran Comisión: “Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.  A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas”.

Es así que los milagros, materialmente hablando, siguen estando en la iglesia, con todo y todo nosotros andamos por fe y no por vista por lo que no buscamos señales sino que adoramos al Padre en Espíritu y Verdad, pero si bien los milagros materiales existen en la iglesia, los dones para ello no son poseídos por todos, como Pablo señala, más sin embargo, y más allá de lo comentado, la noción espiritual de los milagros inicialmente señalados están al alcance de todo bautizado y de hecho forman parte de su comisión ante las naciones.

A través de la Palabra y el testimonio todo cristiano puede echar fuera demonios -desarraigar el error e implantar la verdad-, hablar nuevas lenguas –presentar las verdades en idiomas y de formas nuevas-, tomar serpientes en las manos –manejar las cosas del mundo, que pierden a muchos, sin ser afectados por ellas-, beber cosa mortífera sin sufrir daño –escudriñando todo, incluso lo presentado por el mundo, desechando lo malo y reteniendo lo bueno-, e imponer las manos a los enfermos para sanarlos –sanación espiritual a través del mensaje del Evangelio-.

De igual forma los dos testigos, símbolo del testimonio de la iglesia en toda su existencia, pueden echar fuego de su boca para devorar a sus enemigos y que todo quien le quiera hacer daño muera de la misma forma –poder para que por su misma prédica los injustos se acarreen juicio-,  así como  cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía (testimonio y prédica) –poder para acarrear maldiciones sobre los inicuos, para mostrar las abominaciones de la tierra y acarrear sobre los herejes e incrédulos el castigo a sus acciones-.

Todo lo anterior lo compendia Pablo cuando indica que la Gran Comisión puede resumirse en andar “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”, después de todo a veces nuestra fe es tan grande que no nos cabe dentro y tiene que salir... salir a hacer milagros.

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
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Referencias:
Marcos 16:17-18; Hechos 5:16; Revelación 11:5-6; 1 Corintios 12:8-10; 2 Corintios 5:7; 8:7; 1 Corintios 1:22-24; Juan 4:23-24; Marcos 16:15-18; Efesios 4:11-16; 2 Corintios 9:13; 10:5; Filipenses 4:7

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Lo creas o no, siempre habrá alguien para quien tus acciones sean un ejemplo a seguir



Los cristianos tenemos muy claro que al único que hay que seguir es a Cristo, este seguirle implica reconocer y entender su testimonio para que, guardando los mandamientos de Dios, seamos considerados entre aquellos llamados y elegidos que han demostrado ser fieles.

Si bien lo anterior es una verdad fundamental, también es cierto que, dado estamos llamados a reflejar Cristo en nuestra vida, nosotros mismos podemos, con nuestro testimonio, volvernos un ejemplo que lo mismo puede servir para bien que para mal. Es por eso que Pablo escribiendo a los Corintios, en su primera carta les dice “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”, de igual forma escribiendo a los de Filipo les dice lo mismo, pero extiende la idea al ejemplo que se da a los demás, “Hermanos, sed imitadores míos, y observad a los que andan según el ejemplo que tenéis en nosotros”, y sobre esto último, en su primera carta a los de Tesalónica les dice cómo es que, por lo anterior, ellos llegaron  “a ser un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya”.

Afortunada o desafortunadamente nosotros no podemos hacer nada para evitar lo anterior, es decir, con la simple interacción social que tenemos unos con otros ejercemos influencia entre aquellos que buscan en nuestra conducta, en nuestra forma de ser, la manera de vivir el Evangelio. ¿Te has puesto a pensar en eso?

Las palabras de Cristo, referidas a lo anterior, no pueden ser más contundentes: “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.  Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado,  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.  Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado,  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.  Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno,  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.  Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.  Buena es la sal; más si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros”.

“¿Ejemplo?, ¿yo?, seguramente, es a Cristo quien deben tener de ejemplo” –alguien pudiera pensar, y tiene razón, Cristo es nuestro ejemplo, pero la realidad y la Escritura, señalan que nuestro trato con los demás puede servir lo mismo para edificación que para escándalo, así que lo creas o no, siempre habrá alguien para quien tus acciones sean un ejemplo a seguir.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
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Referencias:
Revelación 14:12; 17:14; Gálatas 4:19; Efesios 4:13; Filipenses 3:17; 1 Corintios 4:16; 1 Tesalonicenses 1:7; Tito 2:7; Marcos 9:42-50; Lucas 17:1-4; Mateo 18:7; 1 Corintios 11:19

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Cuida la palabra que empeñes, es tu mejor tarjeta de presentación



Sin duda alguna uno de los más graves problemas en las relaciones interpersonales es la falta de confianza de unos para con otros. Decir una cosa y hacer otra, no cumplir lo prometido, hablar medias  verdades –que finalmente terminan siendo mentiras completas- impiden generar un fundamento sobre el cual edificar la confianza requerida para que la interacción humana funcione.

El cristiano no está exento de caer en los errores, las faltas anteriormente comentadas. Santiago en su carta señala que “todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo”. El problema en sí no es fallar, sino en ver esa falla como normal, como aceptable.

“Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; más los impíos caerán en el mal”, indica Proverbios, lo cual implica que, ante lo comentado anteriormente,  el objetivo planteado en la vida cristiana, como señaló nuestro Señor Jesucristo: “sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”.

Decir una cosa y hacer precisamente esa, cumplir lo prometido, hablar verdades completas, es la meta que el cristiano, en su relación con los demás busca. Ahora bien, si esto es así en la relación de unos para con otros ¿se esperará menos de la relación de uno para con Dios? Eclesiastés responde “Cuando haces un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque Él no se deleita en los necios. El voto que haces, cúmplelo”. Y ¿cuál es el principal voto que has hecho? El principal voto que has hecho devino con el bautismo cuando libre y voluntariamente expresaste tu deseo de cumplir con la voluntad de Dios.

Ante las innumerables fallas que tenemos en la vida cristiana, incluso después de haber venido al bautismo, lo anterior puede llevar a depresión al ver que difícilmente podemos decir que se ha cumplido eso que prometimos, pero Juan en su primera carta, abordando este tema, señala al respecto que “si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”, idea completada por Pablo cuando escribiendo a los Hebreos les dice “por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”.

El cristiano busca que, ante su relación de unos para con otros y ante su relación de uno para con Dios, su decir si es si, sea si, si es no, sea no, y cuando cae, reconociendo la falla, vuelve a levantarse continuando con su andar hasta que ese carácter, que es el reflejo del del Padre, se refleje en uno, así que cuida la palabra que empeñes, es tu mejor tarjeta de presentación.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
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Referencias:
Santiago 3:2; Gálatas 5:17; Proverbios 24:16; 2 Corintios 4:9; Colosenses 4:6; Santiago 5:12; Mateo 5:37; Eclesiastés 5:4; Deuteronomio 23:21; Salmos 66:13; 1 Juan 2:1; Romanos 5:10; Hebreos 4:16; Efesios 2:18


miércoles, 11 de septiembre de 2019

Así como un foco puede iluminar una habitación, una sola persona de bien puede iluminar el mundo



La imagen de la vida del cristiano como algo que estando en el mundo no es parte de él más sin embargo testifica de la verdad revelada del Padre es una de las principales del andar en el Camino.

Cristo señaló a sus discípulos, y en su figura a los cristianos de todos los tiempos, la verdad de que quien responde al llamado del Padre deja de ser parte del mundo, esto es, no sigue la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida.

Pero con todo y todo deja de igual forma a sus discípulos la encomienda de ser sal de la tierra y luz del mundo. En la cita donde Jesús comisiona en esto a sus discípulos Él mismo aclara que la sal sirve para dar sabor mientras que  la luz sirve para alumbrar. ¿Qué significa esto?, lo primero, el sabor que da la sal, tiene que ver con uno, lo segundo, la luz que sirve para alumbrar tienen que ver con los demás.

El sabor es algo que identifica a los alimentos incluso más allá de su apariencia, es así que alimentos que parecen estar en buen estado al probarlos podemos darnos cuenta si esto es así o no. En el caso del cristiano el sabor es precisamente lo que lo identifica y ese sabor tiene que ver con la manera en que vive el llamamiento, pero si ese cristiano en nada se diferencia del resto que son del mundo, en realidad él no tiene un sabor que lo identifica: “Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea”.

La luz es aquello que permite ver, identificar, reconocer, sin la luz necesaria para lo anterior es prácticamente imposible darse cuenta, al menos con la vista, de dónde se está, dónde se desenvuelve uno, hacia dónde se dirige.  En el caso del cristiano tiene que ver con esa proclamación del Evangelio del Reino a la que se ha sido llamado, pero si no se cumple esa comisión uno no está siendo esa luz del mundo por lo que queda uno sin una utilidad como lumbrera en las manos del Padre: “Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa”.

Los tiempos actuales son críticos, la venida de nuestro Señor está a la puerta, si bien ambos encargos, ser sal de la tierra viviendo en congruencia la fe, y ser luz del mundo proclamando a los demás el Evangelio del Reino, cada vez se vuelven más complicados, de igual forma Dios está abriendo la puerta en estos últimos tiempos para que aquello se dé previo a la venida de nuestro Señor.

En el caso de la sal de la tierra, la vida cristiana no se circunscribe a obedecer las doctrinas de la fe sino a avanzar en la madurez del entendimiento sobre las misma que permita dar frutos de perfección y santidad; en el caso de la luz del mundo, la vida cristiana no se constriñe a congregarse y pasivamente esperar recibir sino utilizar los medios existentes para fungir en el presente siglo como profetas en las naciones, después de todo así como un foco puede iluminar una habitación, una sola persona de bien puede iluminar el mundo.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
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Referencias:
Juan 15:19; 17:16; 1 Juan 2:16; 1 Pedro 2:11; Mateo 5:13-16; 28:19; Marcos 16:15; Lucas 24:47-48; Lucas 21:10-11; Mateo 24:14; Revelación 6:2-12

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Derrumba las paredes que encuentres en tu camino y usa los ladrillos para construir puentes hacia tus metas



La Escritura contiene relatos de fieles siervos de Dios que se enfrentaron a obstáculos que literalmente parecían insuperables, tal vez el más famoso de esos relatos sea el de David contra Goliat, sobre todo por el feliz desenlace para el pueblo de Israel al imponerse estos a sus enemigos.

Esa historia se utiliza incluso en la actualidad, incluso en la vida secular, para señalar ese momento cuando se enfrenta uno a fuerzas insuperables, casi casi como si uno se topara con una pared, ante esto hay dos opciones: enfrentar dichos obstáculos o perder la batalla antes incluso de iniciarla.

Cuando Israel llegó a la tierra prometida mandó, bajo el mando de Moisés, a doce espías para que recorrieran la tierra, diez de esos doce regresaron con noticias desalentadoras “Vimos allí también a los gigantes (los hijos de Anac son parte de [la raza de] los gigantes); y a nosotros nos pareció que éramos como langostas; y así parecíamos ante sus ojos”, sólo Caleb y Josué trajeron palabras de ánimo “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos”. El resultado del desánimo que reinó en el pueblo de Israel es por todos conocido: Dios los hizo vagar por el desierto cuarenta años siendo que de esa generación solo Caleb y Josué entraron a Canaán.

La vida cristiana no está exenta en la actualidad de esos gigantes, de esas paredes, que ante nuestros ojos nos impiden avanzar, pero ¿qué nos dice Dios? “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

La idea anterior inicia haciendo referencia al temor, pero para decir que no sucumbamos a él, que no permitamos que dicho sentimiento se imponga, señalado esto como desmayar ante los obstáculos, pero de igual forma contiene cuatro promesas: la primea que Dios está con nosotros, “Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. La segunda es que Dios nos da fuerzas, “los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. La tercera es que Dios es Quien nos ayuda, “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino.  Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano”; y la cuarta es que Dios es Quien nos sustenta, “Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha.  El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.  Jehová te guardará de todo mal; el guardará tu alma.  Jehová guardará tu salida y tu entrada; desde ahora y para siempre”.

Los obstáculos en la vida cristiana son parte de la misma, pero ante ellos el llamado a salvación sabe que es más lo que está a su favor que en contra “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?  El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?.. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”, así que ya lo sabes derrumba las paredes que encuentres en tu camino y usa los ladrillos para construir puentes hacia tus metas.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
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Referencias:
1 Samuel 17; Números 13:33, 30; Isaías 41:10; Romanos 8:31; Deuteronomio 31:8; Génesis 28:15; Isaías 40:31; 2 Corintios 4:16; Salmos 37:23-24; 1 Samuel 2:9; Salmos 121:5-8; Romanos 8:31-33, 37; 1 Reyes 8:57; 2 Reyes 6:16