martes, 14 de junio de 2022

No hay problema si vas con la corriente... siempre que la corriente seas tú


 

La cuestión de dejarse llevar por la corriente, sobre todo referido a cosas del mundo, es algo que incluso a los que no han venido a salvación no les parece ¡con mayor razón a los que ya hemos respondido al llamamiento del Padre!

 

Los del mundo, cuando se habla de dejarse llevar por la corriente, argumentan desde la perspectiva de la libertad, a como ellos la entienden, que uno no debe dejarse llevar sino al contrario imponer la voluntad propia en la vida de uno, lo cual no implica hacer las cosas conforme a Dios sino conforme a la carne. Ambas acepciones es lo mismo solo que la primera, la corriente del mundo, implica hacer las cosas conforme a la carne, de manera general, mientras que la segunda, la corriente particular, implica hacer las cosas conforme a la carne, de manera individual.

 

Los elegidos tenemos la misma reconvención de parte de la Escritura pero no para rechazar la corriente general para seguir la corriente particular sino para que, rechazando la primera, optemos por pensar y actuar tal cual corresponde a todo hijo de Dios: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

 

Lo anterior tiene su perfecta comprensión en la aclaración que la misma Palabra da sobre ello: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.

 

Pensemos en esto: La vida está llena de infinitas combinaciones de eventos, circunstancias y probabilidades, algo imposible de abarcar y por lo tanto de considerar para la mente humana, pero peor aún: Hay cosas que está completamente fuera de nuestro alcance, por ejemplo los pensamientos y emociones de los demás o los eventos futuros a realizarse, pero para quien todo está a la vista, descubierto, es a Dios, en ese entendido ¿en quién deberíamos de confiar, en la colectividad que al igual que la individualidad está extremadamente limitado para conocer lo que es correcto de lo que no, o a Dios que todo conoce, que todo lo sabe, que todo lo puede? Creo la respuesta es más que evidente.

 

Pero la cuestión para los elegidos no estriba simplemente en hacer la voluntad de Dios sino en entenderla y, en función de eso, en deleitarse en ello. David en su momento al respecto escribió de manera inspirada sobre lo primero “dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón”, y en cuanto a lo segundo “el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón”.

 

Ahora bien, ¿cuál será, en el elegido, el resultado de lo anterior?, Salomón de manera inspirada responde “como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina”, de esta forma, el sometimiento a la voluntad de Dios deviene en conocimiento que conduce al regocijo en actuar y pensar conforme a los designios divinos llegando al final en que nuestra voluntad está alineada a la voluntad de Dios siendo que Él nos guía por sus caminos.

 

Esa es la corriente propia que debemos seguir, aquella que en nosotros refleje lo que Dios ha pensado para cada uno desde la eternidad, después de todo no hay problema si vas con la corriente... siempre que la corriente seas tú.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

 

 

Referencias: 

Romanos 12:2; Efesios 5:17; Proverbios 14:12; 16:25; Salmos 119:34; 1 Crónicas 22:12; Salmos 40:8; Juan 4:34; Proverbios 21:1; Salmos 37:4

 

 


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