martes, 12 de enero de 2021

Un sueño puede ser algo difícil de lograr, no lograrlo es aún más difícil de aceptar

 


Cuando referido al llamamiento al que hemos respondido hablamos de sueños, no nos referimos a ilusiones o fantasías sino a las promesas concretas que hemos recibido y las cuales nos animan a avanzar en el Camino para alcanzarlas.

 

Si bien la salvación nos es dada por gracia, no por nuestros méritos o esfuerzos, de igual forma se nos insta, una vez siendo salvos, a esforzarnos por alcanzar las promesas que se nos han dado.

 

Esto es importante considerarlo pues si uno confunde una cosa con la otra puede creer que la salvación la obtenemos por nuestras obras, lo cual no es así, o que una vez salvos ya no tenemos que esforzarnos para nada lo cual tampoco es cierto.

 

El “esfuérzate y sé valiente” es un exhorto escritural que se nos es dado a todos los que hemos venido a salvación y forma parte del carácter que el Padre desea desarrollar en cada uno por su Santo Espíritu que en nosotros mora.

 

En su segunda carta a los de Corinto, Pablo escribiendo sobre esto les exhorta diciendo “como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación” y tan así está relacionado ese esfuerzo con el alcanzar las promesas que Revelación señala “el que salga vencedor se vestirá de blanco. Jamás borraré su nombre del libro de la vida, sino que reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles”.

 

En contraparte, considerando lo anterior, quien no se mantenga firme a hasta el final es más que evidente que no alcanzará las promesas dadas, es por ello que a los santos que han triunfado la Escritura se refiere como llamados, elegidos y fieles. Ahorita tú, yo y todos los que a salvación  hemos venido somos llamados y elegidos, es decir, se nos llamó y hemos respondido, pero lo de ser fieles solo se verá hasta el final, cuando al regreso de nuestro Señor quede de manifiesto quienes alcanzaron esas promesas.

 

¿Te imaginas aquellos que por desidia, confusión o error, creyendo que la salvación los exentaba de esforzarse en alcanzar las promesas, no alcancen lo esperado? Sobre estos la Palabra indica que lo único que les queda es el lloro y el crujir de dientes”.

 

El Señor ya está a la puerta, esto es más que evidente, de igual forma, esto debe movernos a un esfuerzo final, supremo por alcanzar aquello que se nos prometió, no a dormirnos sino a velar para ser considerados dignos de entrar a las bodas del Cordero, después de todo un sueño puede ser algo difícil de lograr, no lograrlo es aún más difícil de aceptar.

 

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx

 


 

Referencias:

Efesios 2:8-9; Romanos 3:24; Revelación 3:11; 1 Corintios 9:25; Josué 1:6; Deuteronomio 31:6; 2 Corintios 7:1; 1 Pedro 1:15; Revelación 3:5; Mateo 10:32; Revelación 17:14; Mateo 13:50; Revelación 3:20; Mateo 24:33


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