miércoles, 11 de septiembre de 2019

Así como un foco puede iluminar una habitación, una sola persona de bien puede iluminar el mundo



La imagen de la vida del cristiano como algo que estando en el mundo no es parte de él más sin embargo testifica de la verdad revelada del Padre es una de las principales del andar en el Camino.

Cristo señaló a sus discípulos, y en su figura a los cristianos de todos los tiempos, la verdad de que quien responde al llamado del Padre deja de ser parte del mundo, esto es, no sigue la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida.

Pero con todo y todo deja de igual forma a sus discípulos la encomienda de ser sal de la tierra y luz del mundo. En la cita donde Jesús comisiona en esto a sus discípulos Él mismo aclara que la sal sirve para dar sabor mientras que  la luz sirve para alumbrar. ¿Qué significa esto?, lo primero, el sabor que da la sal, tiene que ver con uno, lo segundo, la luz que sirve para alumbrar tienen que ver con los demás.

El sabor es algo que identifica a los alimentos incluso más allá de su apariencia, es así que alimentos que parecen estar en buen estado al probarlos podemos darnos cuenta si esto es así o no. En el caso del cristiano el sabor es precisamente lo que lo identifica y ese sabor tiene que ver con la manera en que vive el llamamiento, pero si ese cristiano en nada se diferencia del resto que son del mundo, en realidad él no tiene un sabor que lo identifica: “Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea”.

La luz es aquello que permite ver, identificar, reconocer, sin la luz necesaria para lo anterior es prácticamente imposible darse cuenta, al menos con la vista, de dónde se está, dónde se desenvuelve uno, hacia dónde se dirige.  En el caso del cristiano tiene que ver con esa proclamación del Evangelio del Reino a la que se ha sido llamado, pero si no se cumple esa comisión uno no está siendo esa luz del mundo por lo que queda uno sin una utilidad como lumbrera en las manos del Padre: “Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa”.

Los tiempos actuales son críticos, la venida de nuestro Señor está a la puerta, si bien ambos encargos, ser sal de la tierra viviendo en congruencia la fe, y ser luz del mundo proclamando a los demás el Evangelio del Reino, cada vez se vuelven más complicados, de igual forma Dios está abriendo la puerta en estos últimos tiempos para que aquello se dé previo a la venida de nuestro Señor.

En el caso de la sal de la tierra, la vida cristiana no se circunscribe a obedecer las doctrinas de la fe sino a avanzar en la madurez del entendimiento sobre las misma que permita dar frutos de perfección y santidad; en el caso de la luz del mundo, la vida cristiana no se constriñe a congregarse y pasivamente esperar recibir sino utilizar los medios existentes para fungir en el presente siglo como profetas en las naciones, después de todo así como un foco puede iluminar una habitación, una sola persona de bien puede iluminar el mundo.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor


Referencias:
Juan 15:19; 17:16; 1 Juan 2:16; 1 Pedro 2:11; Mateo 5:13-16; 28:19; Marcos 16:15; Lucas 24:47-48; Lucas 21:10-11; Mateo 24:14; Revelación 6:2-12

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