martes, 7 de mayo de 2024

A veces hay que seguir luchando, no para cambiar a los demás, sino para que los demás no lo cambien a uno

 


Si desde el punto de vista natural tuviéramos que evaluar uno de los peores desempeños de los profetas del Antiguo Testamento, sin duda alguna que Jeremías estaría entre los finalistas, mira que profetizar durante aproximadamente cuarenta años buscando detener la corriente de idolatría e inmoralidad del reino del sur, Judá, si lograr gran cosa, y uno se preguntará ¿por qué no dejó de hacerlo?

 

Sobre ésta pregunta no debe os de elucubrar mucho pues el mismo profeta, quien en una ocasión le pasó por su mente eso de dejar de profetizar, nos dice por qué no pudo hacerlo: “Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”.

 

El problema con tratar de no proclamar las verdades divinas es que las mismas se vuelven un fuego interno que exige ser desahogado, y, aunque uno pudiera contenerlo, entonces el riesgo que uno correría es que los demás comenzarían a cambiarlo a uno.

 

Sobre esto, en su momento Dios mismo le previno a Jeremías: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos”.

 

No es muy osado decir que si uno deja de profetizar los demás habrán comenzado a cambiarlo a uno ya que, de inicio, ya han logrado el primer propósito de que se deje de proclamar la verdad, y, bueno, el primer paso del cambio hacia atrás es el difícil, ya los demás son consecuencia de este.

 

Salomón en su momento escribió “Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable”. Una mosca es algo pequeño, casi insignificante, pero cayendo en un perfume lo hecha a perder. ¿Crees que dejar de proclamar la verdad es algo pequeño?, pero y aunque así lo fuera, que no lo es, ¿el mundo será mejor o peor sin la luz de las verdades divinas?

 

“Ustedes son la luz del mundo –dijo en su momento nuestro Señor. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos”.

 

Sé que en ocasiones el andar a las promesas que se nos han hecho, en consonancia al llamamiento del que hemos sido objeto, es algo difícil, el Enemigo, el Mundo y la Carne se nos pueden interponer, con todo y todo hay que tener en cuenta que a veces hay que seguir luchando, no para cambiar a los demás, sino para que los demás no lo cambien a uno.

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

www.rocefi.com.mx


 

Referencias:

Jeremías 20:9; Hechos 4:20; Salmos 39:3; Jeremías 15:19; Zacarías 3:7; Levítico 10:10; Eclesiastés 10:1; Nehemías 13:26; Mateo 5:14-16; Proverbios 4:18; Filipenses 2:15


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